Una tarde de pesca

Con la primavera llegaron los días soleados, las ganas de salir, los largos paseos por el bosque, los picnics y, para muchos, la hora de sacar la caña del garaje e ir a pescar.
La belleza de este arte lleva siempre a mucha gente a practicarlo, sea por deporte o por hobby. Justo en esta época del año los ríos y los mares se llenan de pescadores impacientes.
En mi pueblo, Bassano del Grappa, la pesca se practica en el río Brenta. Este es el río más importante de la zona y el que separa el pueblo en dos mitades. Lo curioso es que, a veces, podemos estar tomando un aperitivo en el puente y mirar a los pescadores justo debajo con las piernas en el agua.

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El Brenta nace en el lago de Levico en el Trentino Alto Adige y termina en el mar Adriático, en su recorrido de 174 km pasa por muchas zonas y pueblos. En la zona de Bassano, para garantizar que no se dañe la fauna del río, está separado en muchos sectores, en los cuales está permitido un tipo de pesca específico. Incluso podemos encontrar zonas de “no kill”, es decir, donde se debe devolver los peces al río, para algunas especies en riesgo de extinción. Además, durante todo el período de pesca vienen liberados con frecuencia peces crecidos en piscifactoría para garantizar que la fauna del río no se vea afectada.

He podido estar al lado de un joven pescador para ver sus técnicas y para disfrutar también del paisaje. Él, como muchos pescadores, sigue la pasión transmitida por generaciones en su familia y, cuidadosamente, utiliza los viejos consejos de su padre.

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Él me explicó que cuando está pescando con las pierna en el agua, en el medio del bosque, consigue desconectar de todo: de algunos problemas, de la rutina de cada día,… Intenta ser parte de la naturaleza que le envuelve y procura entender a los peces, cómo se mueven y cómo los puede atraer. Algunas veces la naturaleza y él parecen una sola cosa.

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Disfruté muchos viendo cómo prepara su material cuidadosamente y, cómo estudia con detenimiento la zona, los movimientos del agua y dónde tirar el anzuelo. Toda esta paciencia, este estudio, el sonido de las hojas de los árboles moviéndose por el viento, el olor del río que entraba por la nariz, el sol que te calentaba,… era un mix de sensaciones que te relajaban y te hacían olvidar de todo. Pero… cuando el pez pica, empieza la adrenalina. El hilo de la caña se tensa, la caña se curva y el pescador gira el carrete para atraer el pez hacia él. Cuando todo va bien y lo consigue siente una gran satisfacción.

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No sé si nunca habéis pescado, o a lo mejor visto algún pescador de cerca, pero es una experiencia que os aconsejo de probar, sobretodo porque no creo que os sea muy difícil encontrar alguien aficionado a este deporte. Seguramente, como a mí, os sorprenderán muchas cosas y, además, disfrutaréis del aire libre.

 

Quiero dar las gracias por su colaboración a mi amigo Andrea Padovan. Espero que os gusten mis fotos.

¡Hasta pronto!

2 comentarios sobre “Una tarde de pesca

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